miércoles, 3 de septiembre de 2014

¿Qué es la ciencia? La aventura de la filosofía en la ciencia



SOCRATES: He aquí lo que me llena de perplejidad y no acierto a comprender suficientemente: ¿qué puede ser la ciencia? ¿Encontraremos una respuesta a esta pregunta? ¿Qué contestáis vosotros? ¿Quién de entre nosotros será el primero en hablar?
Platón, Teeteto.

¿Qué es la ciencia?

No somos pocos los que nos hemos hecho esta pregunta durante nuestros estudios de ciencia. De hecho, como nos explica Platón, desde la antigüedad se planteaban qué era la ciencia. Aunque hay un consenso que nos dice que la ciencia en aquella época se refería más bien al conjunto de técnicas que se aplicaban para un beneficio que a lo que hoy en día entendemos como ciencia, que fue llamado durante siglos, filosofía natural o de la naturaleza.

Esta pregunta sobre la ciencia es una aventura filosófica que no científica. Es realizar un acto de reflexión sobre un tema dado, es decir, un conocimiento de segundo orden (como nos explican José A. Díez y C. Ulises Moulinés en su libro “fundamentos de filosofía de la ciencia”)

La reflexión sobre posibles respuestas me fue acompañando durante mis años de carrera, y gracias a discusiones con no pocos compañeros llegué a una primera conclusión de cómo se podía enfocar un primer análisis:

A)    Para muchos de mis compañeros la ciencia descubría la estructura interna de las cosas y lo que hacíamos en física era encontrar esta estructura.
B)    En cambio, tampoco eran pocos los que opinábamos que la ciencia era una forma de hacer tangible a nuestro entendimiento el mundo que nos rodea, sin significar ello que ese mundo que nos rodea fuese tal y como decía la ciencia.

Una pregunta sencilla en un principio, y de formulación a mi parecer lógica para alguien que se dedica a ciencia, despertaba las más ardientes pasiones entre los tertulianos.

Definiciones de ciencia.

Lo que me resultaba más curioso de estas cuestiones es que la mayoría nos anticipábamos y todos creíamos tener razón en nuestros argumentos, sin darnos cuenta de que la cuestión era mucho más complicada de lo que parecía en un principio.

Seguí investigando, y cayó en mis manos un libro que brindaba diferentes definiciones de ciencia. Citando “Los inicios de la ciencia occidental” (David C. Lindberg) que nos brinda en su primer capítulo algunas concepciones de la ciencia:

1) “La ciencia como esquema de conducta por el que los humanos han conseguido un fuerte control sobre su entorno. La ciencia está asociada según está concepción a las técnicas tradicionales y a la tecnología.”

Esta podría ser la más antigua de las definiciones de ciencia. Donde claramente la ciencia son técnicas y poco que ver teorías o prácticas experimentales.

2) “Una opinión alternativa sería pensar la ciencia y la tecnología como dos cosas diferentes. La ciencia, el cuerpo de conocimientos teóricos, disciplinas teóricas. Y la tecnología, la aplicación del conocimiento teórico para la solución de problemas prácticos.”

En esta definición aparece el concepto de teoría que desarrollaremos más adelante. Y se distingue de la tecnología que es su aplicación.

“Pero, los que adoptan este segundo enfoque, si quieren excluir ciertas clases de teorías, deben proponer criterios con los que juzgar una teoría científica de una que no lo es.”

3) “Por ello se volvió muy popular definir la ciencia como forma de enunciados universales, legaliformes, preferiblemente expresados en el lenguaje de las matemáticas.”

4) “La ciencia también puede ser definida por su metodología, la ciencia como conjunto particular de procedimientos (experimentales usualmente), para explorar los secretos de la naturaleza y confirmar o descartar teorías sobre su conducta.”

Esta visión nos acerca a nuestro dilema A y B.

“Según esto último, una afirmación científica tiene un fundamento experimental.”

5) “Pero 4 lleva a intentos de definir la ciencia por su estatus epistemológico o incluso la tenacidad con que sus practicantes defienden sus doctrinas.”

Según Russell: "No es lo que el hombre de ciencia cree lo que le distingue, sino cómo y por qué lo cree. Sus creencias son tentativas, no dogmáticas; están basadas en la evidencia, no en la actividad o la intuición".

Las anteriores definiciones de ciencia resultan muy coherentes con el orden histórico con el que se ha utilizado la palabra ciencia. Substituyendo de manera generalizada la visión de ciencia como técnica que se tenía en la antigua Grecia a la visión actual de ciencia.

Hay una cosa que me gustaría destacar en este apartado la cita de Russell, en la que habla de creencias. Los hombres de ciencia y sus creencias. Hay la visión generalizada de que todo lo científico tiene un valor verdad, pero, Russell nos recuerda que aunque sus creencias son basadas en evidencias, son creencias. Porque, ¿qué es una creencia? Una creencia es algo que no podemos conocer como cotidianamente diríamos a ciencia cierta. Es decir, no podemos asegurar que sea verdadero o falso.



Hechos y teorías.

La frase anterior nos hace reflexionar, ¿en la ciencia puede haber creencias? Si la ciencia pretende ser objetiva y aportar nuevos conocimientos, ¿cómo los hombres de ciencia pueden tener creencias?

Una teoría parte de hipótesis, realiza una serie de argumentos lógicos y deriva en una predicción. El éxito de dicha teoría es que ocurra esa predicción.  (Siguiendo a José A. Díez y C. Ulises Moulinés en su libro “fundamentos de filosofía de la ciencia”)

La cuestión que nos debería suscitar esta definición es como algo que predice puede generar un nuevo conocimiento. Una concatenación entre causa y efecto, regida por una serie de argumentos lógicos y que predice un resultado, no tiene porque tener valor verdad. Por ejemplo, hoy en día no dudamos en general del modelo heliocéntrico. Ahora bien, con el modelo antropocéntrico, se podía predecir la posición de los planetas en el cielo.

En la antigua Grecia, se dieron una serie de circunstancias, como el comercio en el mediterráneo entre diferentes culturas, que propició una nueva manera de explicar los acontecimientos que sucedían en la naturaleza. Esto es llamado el pensamiento lógico. Y marca un cisma a la hora de argumentar explicaciones sobre los sucesos naturales. Ahora bien, una argumentación lógica coherente, no tiene porque tener valor de verdad, ser cierto a ciencia cierta. Será verdadero o falso según cumpla las leyes de la lógica, pero no por eso es cierto o falso e nuestro mundo cotidiano, en la naturaleza. Es diferente ser cierto en lógica que en ciencia.

Desde mi punto de vista, ser capaz de predecir no genera un nuevo conocimiento, sino la capacidad de explicar qué sucede en un fenómeno dado, cómo sucede y por qué sucede nos puede llevar a un conocimiento en un momento determinado.

Por este motivo, en la continuación de mi análisis, diferenciaremos entre dos puntos clave: las teorías y los hechos.

Las teorías no tienen valor de verdad, son creencias, basadas en evidencias, pero al fin y al cabo creencias. Los hechos, tienen valor de verdad, pueden ser verdaderos o falsos.

A mi parecer, el germen de las teorías científicas es subjetivo, y en el influyen todos los conocimientos y estímulos que ha tenido una persona a lo largo de su vida. Él átomo de Bohr, nos recuerda indudablemente a un pequeño sistema solar. Con el principio de incertidumbre y posteriormente la ecuación de Schrödinger cambia nuestra imagen sobre el átomo acercándose a una más próxima a los experimentos.

Entonces, si las ideas científicas en un principio son subjetivas, ¿cómo la ciencia puede explicar con objetividad lo que ocurre en un fenómeno dado? Recordemos la frase de Einstein en la que nos contaba que un solo experimento podía desmontar una teoría.

La física, que es en la ciencia en la que me centro, no son solo teorías. Pero las teorías si son uno de sus pilares. Cómo unas teorías pasan a ser hechos y cómo otras teorías se quedan en un paradigma de una época determinada es una cuestión de estudio.

Si volvemos a nuestro primer análisis:

A)    Los científicos descubren.
B)    Los científicos hacen argumentos lógicos.

Nos damos cuenta que los hechos pertenecen a A y que las teorías a B.

El camino del conocimiento científico no es un camino recto.

Entonces, si bien no sabemos como explicarlo, si que vemos que la ciencia nos da conocimiento. Este conocimiento queda muy lejos de ser un camino acumulativo. El conocimiento científico no es algo que se haya acumulado a lo largo de la historia. Lo que damos por sabido hoy, en la mayoría de casos se remite a esas creencias, no dogmáticas, sino tentativas, que son las teorías, y vislumbrar en un momento dado, dentro de un paradigma que hay de verdad y que hay de creencia no es una labor sencilla.

Otro punto a tener en cuenta es la visión del observador que realiza un experimento dado. Este observador está dentro del paradigma de su tiempo, condicionado por la ciencia de su momento y ese condicionamiento puede difuminar la visión de su experimento. Es decir, en la historia se dieron casos de experimentos que contradecían teorías establecidas en un momento dado, como por ejemplo, la existencia del éter. Se puede pensar que de algún modo dentro de un paradigma dado, nunca sabremos lo que es verdad y lo que es mentira de ese paradigma, puesto que hasta los hechos experimentales se ven condicionados por la visión del experimentador.

De todos modos, la ciencia es la mejor manera que tenemos de acercarnos a la verdad. Y como tal debe formar parte de la cultura y de la educación de las personas, no solo a nivel técnico a la hora de resolver determinados problemas o tener diferentes habilidades en la elaboración de ciencia. Sino en la manera de crearnos un pensamiento crítico respecto al mundo que nos rodea y nuestra forma pensarlo.

Ahora bien, no deberíamos olvidar tampoco que vivimos en un paradigma determinado. Y el futuro está lleno de nuevas verdades, nuevas mentiras y nuevos interrogantes.

Referencias:
JOSE A. DIEZ, C. ULISES MOULINES. 1997. Fundamentos de filosofía de la ciencia. Editorial Ariel. Barcelona.
DAVID C. LINDBERG. 2002. Los inicios de la ciencia occidental. Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona.
Bibliografía Básica:
KUHN, THOMAS SAMUEL. 1962. La estructura de las revoluciones científicas.

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