La ciencia parte de hipótesis, estructura una argumentación lógica, y el éxito de dicha teoría es que sea capaz de predecir un resultado.
Esa teoría en sí no tiene valor de verdad, es nuestra manera de hacernos tangible a nuestro entendimiento el universo que nos rodea. Es una concatenación entre causa y efecto. El hecho que sea capaz de predecir, no quiere decir que esa teoría sea cierta.
Desde el principio de los tiempos, el hombre ha tratado de dar explicaciones a los hechos que acontecían a su alrededor: la vida, la muerte, el universo y las estrellas. En épocas antiguas, las únicas explicaciones que existían para estos temas eran del tipo místico. En la antigua Grecia, se dieron una serie de circunstancias, como la mezcla de culturas de diferentes zonas geográficas, y el contacto entre sus habitantes, debido al comercio en el mediterráneo, que hizo que naciera lo que hoy es conocido como el pensamiento lógico. Con esta forma de pensar, los antiguos, rompieron un esquema. Ellos hacían argumentaciones lógicas, basadas en las hipótesis de partida de la observación de la naturaleza. No podemos decir ni mucho menos que este fue el final de las religiones y el nacimiento de la ciencia. Por un lado, la mayoría de escuelas filosóficas tenían algún tipo de creencia, y por otro, dependiendo de la definición de ciencia se pondrá un punto de partida a la historia de la ciencia.
La creencia de que algo originó el universo, pensando que algo es algún tipo de creencia, y que nada está dejado al azar, es tan válida como pensar que el origen de todo es azaroso.
Por un lado, puedes pensar que el universo es debido a algo. Ese algo puede ser una creencia, de hecho, es una creencia, en cuánto dudas de que seas así. Si para ti es algo que existe, no será una creencia, pues existe. Quizás puede ser una creencia para el resto de la sociedad.
Si se mantiene esa postura y analizamos el punto de vista científico con respecto a ella, podemos pensar en la idea extendida, de que “dios” juega el papel de “encender la mecha del big bang”. Ahora bien, antes del tiempo de Planck, no hay ninguna teoría establecida al respecto, sino que hay muchas teorías exóticas sobre como era el universo en este periodo.
Por otro lado, si se opta por decir, que la ciencia no tiene valor de verdad, sino que hace tangible a nuestro entendimiento el mundo, que es permutable, subjetiva…Uno no puede basarse en este argumento, para ratificar que el universo es debido a algo según esta postura. Por tanto, en este punto de vista no es coherente decir que es un hecho que el universo sea debido a ese algo. Podríamos decir que es un hecho que no se sabe, y que se limita a una cuestión de una creencia, que sea de un modo u otro.
Otro punto interesante de este análisis, es que es más coherente para un creyente tener fe en la ciencia. Por un lado, la ciencia es determinista, y establece una conexión causa efecto que también se da en las religiones. Por otro lado, la ciencia, busca ser objetiva y “omnipresente”, válida en diferentes sistemas de referencia. El creyente, cree que la ciencia da la verdad, que las teorías explican el porque de las cosas.
El hecho, es que tratamos de dar explicación, de trazar una relación entre causa y efecto, ya sea con religiones o teorías científicas. Damos explicaciones a las cosas que no sabemos con creencias, cuando quizás la mejor postura para un científico en ese aspecto sea decir que no se sabe, pues uno puede estar más abierto a nuevas informaciones. Ahora bien, ¿hasta que punto en ciencia esas teorías son creencias o nuestra manera de hacer tangible el mundo? Es decir, si una teoría es exitosa y predice lo que sucede con buena aproximación, ¿tiene un cierto valor de verdad, en cuanto se aproxima a la realidad? O bien nos quedamos con que esa teoría funciona hasta que haya una explicación mejor.